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Yoga al aire libre: la ciencia del mindfulness frente al mar

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Yoga al aire libre: la ciencia del mindfulness frente al mar

Desenrollar la esterilla en un jardín, una azotea o la orilla del mar en lugar de hacerlo en una sala climatizada no es solo una preferencia estética. En la última década, la investigación en salud ambiental ha documentado que el entorno donde se practica yoga y mindfulness cambia, de forma medible, cómo responde el sistema nervioso. Esta guía explica qué aporta salir a practicar al aire libre, qué suma específicamente la cercanía al mar y cómo trasladar esa práctica de la teoría a la esterilla.

Qué es el yoga al aire libre y en qué se diferencia de la práctica en un estudio

El yoga al aire libre consiste en practicar asanas (posturas), pranayama (técnicas de respiración) y meditación en un espacio exterior en lugar de en una sala cerrada y climatizada. La diferencia no es solo de decorado: un estudio de yoga controla la temperatura, la luz, el sonido y el tipo de suelo; el exterior no controla nada de eso, y es precisamente esa variabilidad —el viento, el sonido del agua, la luz cambiante— la que activa de otra manera la atención y los sentidos durante la práctica. En zonas de clima mediterráneo como la Costa del Sol, donde se puede practicar al aire libre buena parte del año, esta modalidad ha ganado terreno en espacios como Higuerón Resort, en Fuengirola, cuyo entorno se presta de forma natural a ello.

Clase de yoga al aire libre en el jardín de Higuerón Resort, con esterillas sobre césped y edificios del resort al fondo

Qué le ocurre al sistema nervioso en un entorno natural

Antes de hablar del mar conviene entender qué aporta, en general, moverse y respirar en la naturaleza. Desde 2004, un equipo de investigadores japoneses estudia de forma sistemática los efectos fisiológicos del shinrin-yoku («baño de bosque»), dando lugar a lo que hoy se conoce como medicina forestal. Sus experimentos de campo en veinticuatro bosques japoneses encontraron reducciones medibles del cortisol en saliva tras la exposición al entorno natural, frente a un entorno urbano de control. Una revisión posterior de esa misma línea de investigación resume el conjunto de hallazgos: el contacto con entornos naturales reduce la tensión arterial, la frecuencia cardíaca y las hormonas del estrés, y aumenta la actividad del sistema nervioso parasimpático (el del descanso) frente al simpático (el de alerta). Trasladado al yoga, esto significa que la misma secuencia de posturas y respiración parte, en el exterior, de un sistema nervioso que tiende con más facilidad hacia el estado de calma que se busca en la práctica.

El plus del mar: el efecto del "espacio azul" en el mindfulness

La naturaleza en general ayuda, pero el agua parece sumar un efecto propio. En los últimos años ha crecido un campo de estudio específico sobre los llamados espacios azules —entornos naturales o urbanos dominados por agua: costas, ríos, lagos—, distinto del ya conocido efecto de los espacios verdes. Una investigación con más de trescientos participantes en Australia encontró asociaciones entre la proximidad a espacios azules y mejores resultados de salud mental, con la actividad física como uno de los mecanismos que explica parte de ese vínculo. Un ensayo cruzado y aleatorizado del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) fue más allá: hizo caminar a los mismos participantes, en semanas distintas, por una playa de Barcelona, por una calle urbana y por un entorno interior en reposo, y halló una mejora significativa del estado de ánimo y la vitalidad inmediatamente después de caminar junto al mar, superior a la de caminar en la ciudad o descansar en interior. El biólogo marino Wallace J. Nichols acuñó para este estado el término blue mind: la sensación de calma asociada a estar cerca, dentro o sobre el agua. Practicar frente al Mediterráneo, como ocurre en las terrazas y espacios exteriores de Higuerón Resort, suma precisamente ese componente de espacio azul al efecto ya conocido de la naturaleza.

Practicantes de yoga con auriculares en clase Flow al aire libre junto a la piscina de Higuerón Resort

De la teoría a la esterilla: cómo practicar bien al aire libre

Llevar la práctica fuera exige pequeños ajustes. Conviene elegir las horas de luz más suave —el amanecer o el atardecer— tanto por temperatura como por calidad de la luz; usar una esterilla algo más gruesa que la de interior, porque el césped, la arena o la piedra no amortiguan igual que el suelo de un estudio; y aceptar que el viento o el sonido del entorno formarán parte de la sesión en lugar de tratarlos como una distracción a eliminar. Ninguno de estos ajustes exige renunciar a la práctica indoor: lo habitual —y lo que sugiere buena parte de la evidencia disponible— es combinar ambas, reservando la sala para el trabajo técnico más preciso y el exterior para las sesiones centradas en la respiración, la relajación y la conexión con el entorno.

 

Aurora Nitti, de la Coordinación de Higuerón Sport Club, explica qué cambia realmente en una clase de yoga cuando se hace al aire libre y frente al mar:
«Frente a una sesión de sala, el yoga al aire libre se transforma por completo. Más allá del entorno, el uso de auriculares para escuchar la música y al instructor nos permite alcanzar una concentración absoluta y un movimiento fluido. Por eso son clases enfocadas en el Flow, donde el movimiento es el verdadero protagonista.»

 

— Aurora Nitti, Coordinación Higuerón Sport Club · Higuerón Resort

El yoga al aire libre en Higuerón Resort

Higuerón Sport Club incorpora el yoga entre sus disciplinas dirigidas, dentro de una oferta deportiva más amplia que incluye tenis, pádel y natación, y que se completa con el circuito de aguas y saunas de Higuerón Spa para quien busca prolongar la relajación después de la sesión. El propio emplazamiento del resort, en la ladera de Fuengirola con vistas al Mediterráneo, y espacios como el rooftop Infinity, ofrecen precisamente ese entorno abierto y frente al mar que describe este artículo. Para quien se aloja unos días, es una forma más de desconectar del ritmo de viaje; para quien ya vive en la Costa del Sol o valora hacerlo, es un recordatorio de que este tipo de bienestar diario —yoga con vistas al mar, sin salir de casa— forma parte de lo que significa vivir aquí.

Preguntas frecuentes

No es mejor, es distinto. El exterior aporta el efecto añadido de la naturaleza y, junto al mar, del espacio azul; el estudio ofrece condiciones controladas y una corrección técnica más precisa. Lo más habitual es combinar ambos según el objetivo de cada sesión.
Poco más que una esterilla de célula cerrada algo más gruesa de lo habitual, para amortiguar superficies irregulares; ropa que abrigue si se practica a primera o última hora; y elegir un horario con temperatura suave. No hace falta ningún equipo adicional para empezar.
La evidencia disponible sobre entornos naturales y espacios azules muestra reducciones de marcadores fisiológicos del estrés —cortisol, frecuencia cardíaca— y mejoras en el estado de ánimo tras la exposición. Son esos mismos efectos los que sirven de base fisiológica a la práctica posterior de mindfulness y respiración consciente.
El amanecer y el atardecer suelen ser los momentos más recomendables: la temperatura es más suave, la luz es menos intensa y, en la mayoría de destinos costeros, el oleaje y el viento tienden a ser más calmados que a mediodía.

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